Something like this but not this. ‘Hollywood’ de Andrea Quintana y Alberto Cortés

[A versión orixinal deste artigo foi escrita en galego para a Erregueté. Revista galega de teatro, como reportaxe á función de “Hollywood” que tivo lugar no Teatro Rosalía Castro (A Coruña) o 16 de setembro de 2017. Reprodúcese ao final do texto en castelán].

El filón y la trampa de Hollywood es que no tiene original conocido. Hollywood se parece a Hollywood. Los tópicos de Hollywood no refieren a una realidad particular, sino a una ficción general, a la generalización de la ficción. Por eso son tan flexibles, reconocibles e instantáneos. Sus mecanismos se activan al momento, casi sin necesidad de instalar un set. Si una persona dice: “Hollywood”, en un instante podemos cargarnos de imágenes y montar nuestro Hollywood en la cabeza. Podemos combinar al gusto música, trajes, luces, piscinas, mansiones, estrellas, tramas… la dramaturgia está servida, y casi no necesita de si misma. Lo imprescindible de Hollywood es justamente todo eso que, así de primeiras, debería ser prescindible. El triunfo como ilusionismo.

El arranque del Hollywood de Andrea Quintana y Alberto Cortés juega con esas imágenes que tenemos cargadas en nuestra memoria, que definen los códigos del lenguaje cinematográfico hollywodiense y, por extensión, del lenguaje del éxito, del glamour y del cine moderno y contemporáneo. Dos actores trabajando en una escena de doblaje a través de voces en off es el punto de partida de la pieza. A partir de ahí, los dos personajes, que son a la vez autores (y así lo manifiestan, alternando con solvencia por los dos roles), comienzan a atravesar con sus cuerpos, y a su manera, algunos elementos propios de un guión cinematográfico. Pero introduciendo constantes elementos disruptivos: narraciones sobre la realidad de sus propias vidas como creadores escénicos, alusiones al lugar que están compartiendo con el público, o escenas alrededor de la idea de fracaso y la imposibilidad de unir las palabras triunfo y teatro. No es una cuestión que expongan con negatividad ni pesimismo, ni siquiera con queja o autoridad, sino con verdad y una divertida resignación (¿resiliencia?). Todo esto con mucho humor y mucho melodrama de cosecha propia. Es como si tuvieran un interruptor para activar y desactivar los distintos códigos con los que pretenden montar la función: códigos de cine, de teatro, de danza… y por supuesto códigos de “contemporaneidad”, que no podían faltar. Conocen bien cuales son, pero no los toman muy en serio y ahí está una de sus grandes potencias; pueden permitirse, y se lo permiten, tomárselos a la ligera. Las entradas y salidas entre ficción y realidad están además bien articuladas, y dejan espacios de transición donde la mentira y la verdad se difuminan, donde las conversaciones se van por las ramas mientras los cuerpos revelan el centro de la cosa (y Viceversa), creando zonas de opacidad que resultan muy fértiles para la imaginación y complicidad de las espectadoras. En la línea quizás de la “estética de lo traslúcido”, en palabras de Xavier Puchades, que se refiere a una dramaturgia que va dando rodeos mientras expone algo sobre un asunto; paseando, sin tomar atajos, para poder así observar y dejar siempre, para más tarde, llegar a un destino. La escena del doblaje reaparece en bucle, con pequeñas variaciones, a lo largo de la pieza, como si fuese un disco rayado. Su repetición va dejando poso y una sale de la función teniendo muy claro que las ideas de triunfo y fracaso son también un disco rayado. O, en palabras de Alberto y Andrea, un archivo dañado. Abrir el cableado de la máquina, jugar con él, reversionar el refrán… es su acto creativo genuíno, el ejercicio artístico al que se resisten a renunciar.

Si dos personas ponen Hollywood de título a su propuesta escénica, abren las puertas a que pensemos e imaginemos lo que nos dé la gana. Ellos hacen lo propio y nos invitan a seguirles. A que comparemos cada escena, personaje, diálogo… con los tópicos que tenemos en nuestras cabezas, ya sea para confirmarlos o para negarlos. Ciertamente, el Hollywood de Andrea y Alberto usa los tópicos del guión cinematográfico hollywoodiense, revestidos de ironía y combinados con dosis de realidad patria. Pero no es simplemente una sátira ni un discurso de negación de todo ese imaginario colectivo. Uno de los grandes aciertos de Andrea y Alberto es que no se sitúan ni por arriba ni por abajo del estándar de éxito hollywoodiense. Se sitúan al lado, como contemporáneos que son de esas otras realidades, de esas otras ficciones. No pretenden ser “Ellos” pero pueden jugar a serlo. Y de hecho lo hacen, con todas las consecuencias: son la pareja de baile, son los testigos de un asesinato, son la estrella emocionada que recibe el Óscar… Lo que muestran es precisamente ese juego. Y, como tal, el juego que ellos practican tiene mucho de realidad. Por muchas escenas que aquí defina, no voy a hacer un spoiler. Porque lo original del Hollywood de Andrea y Alberto está en la manera de jugar con las escenas. Es en ese ejercicio de pasar página, asumiendo y encarnando la irrelevancia de la cosa, donde la crítica a los tópicos se revela para el público, sin necesidad de mencionarla.

Para ridiculizar a una actriz rubia que recibe un premio de la Academia, hay que ridiculizarse antes a una misma. Para poner en duda las ideas de memoria y archivo (y el rigor de las muchas dramaturgias que se construyen alrededor de estos conceptos), hay que poner antes en duda el funcionamiento de la memoria propia. Andrea y Alberto despliegan una hora de confesiones, colocadas inteligentemente entre risa y risa (en ocasiones me sentí en el plató de rodaje de una sitcom, espectadora del guión y también de las tomas falsas). Consiguen una tensión dramática como la que se da a veces en la vida misma. Imaginemos, por ejemplo, una cena familiar en la que inmediatamente después de un comentario banal, alguien confiesa una infidelidad… y entre todos los presentes decidimos hacernos cómplices y continuar con el postre. Eso queda ahí gravado. Como queda el Hollywood de Andrea y Alberto. No sabría deciros ahora mismo las verdades que allí escuché… o si hay partes de la historia que añadí después, pero sé que fueron verdades gordas.

Demuestran así que la vida misma tiene mucho de tensión dramática; más aún si eres creador o creadora escénica… en el fondo, tus revelaciones no tienen nada que envidiar –en lo que a tensión dramática se refiere– a las de las estrellas de Hollywood. Quizás sólo depende de cómo las pronuncies o poses encima del escenario. “¿Qué es triunfar para tus padres? ¡Piénsalo!”. La exageración de la ficción y su descontextualización sirve de excusa durante toda la pieza para acercanos a la realidad. Y, particularmente, a la  realidad que tiene que ver con el ejercicio artístico como ejercicio o posicionamiento vital. Usan el teatro para hablar de cómo se hace teatro mientras hacen teatro. Hay momentos en los que salen del escenario para situar una ficción entre las butacas. Y momentos en los que están encima del escenario hablando al público sin hacer otra cosa que ser ellos mismos hablando a las personas que tienen delante.

Algo que capta la atención del público y que hace muy atractivo y sugerente el trabajo de Alberto y Andrea es su actitud en el escenario. Los dos son bastante irreverentes, están ahí para pasarlo bien, sin cortarse y sin contenido censurado. Pero no son arrogantes, dejan el espacio abierto para que quien quiera pueda pasarlo bien con ellos. Para quien no se atreva, tampoco le hacen un feo. Transmiten las tan necesarias dosis de incomodidad, pero de un modo generoso, relajando el panorama lo suficiente para que cada quien haga con su incomodidad lo que quiera. Lo que tiene de potente la pieza es el modo original con el que le dan la vuelta a los códigos de la copia y del uso escénico de la copia. En ese sentido, el montaje es muy diferente –y bastante superior, diría yo– a otras propuestas escénicas que podrían estar aparentemente en la misma línea estética. Hollywood no se limita a llevar a escena la técnica del foundfootage, ni a hacer remezcla de tendencias ni a apropiarse de códigos establecidos o burlarse de patrones. Es algo más auténtico, que trata la impureza con mucho rigor. Tampoco sería lo que es sin el genial trabajo de sonido en directo de Elena Casanueva, responsable de las voces en off, de los temazos musicales, del suspense, de la intensidad de las grandes frases de los protagonistas… Su presencia en el escenario suma potencia al juego revelado. Completan el tablero las luces de Azael Ferrer, que suben en intensidad progresivamente, hasta un cierre digno del cartel de THE END.

Conocí por separado los trabajos de Andrea y Alberto en el 2014. Ahora, viendo el resultado del trabajo en conjunto, entiendo lo bien que casan como compañeros de viaje. El trabajo de Alberto con los textos combina muy bien con el de Andrea en el movimiento y el cuerpo. Ambos están en una periferia que no se pretende centro; escogen la heterodoxia y lo “variopinto” como una actitud más natural que pretendida, a pesar de conocer bien los cánones del teatro y de la danza. Los dos tienen esa irreverencia sin arrogancia que se hace tan simpática. Y las ganas de aprender haciendo. La conexión Galicia-Andalucía les abre además un abanico de giros y contrastes que no aprovechan de manera expresa ni mucho menos central, pero que transpira por todos lados haciendo su presencia más divertida y auténtica. Forman, además, una pareja rara, en el mejor sentido de la palabra. En resumen: molan. Si un distribuidor o un programador encontrase la etiqueta mágica para su trabajo, probablemente les saldrían funciones como churros. Pero probablemente ellos no podrían evitar salir a escena para llamarle a esa etiqueta “archivo dañado”. E invitarnos a reirnos, una vez más, de nosotras mismas.

 

— V.O. deste artigo:

O filón e a trampa de Hollywood é que non ten orixinal coñecido. Hollywood parécese a Hollywood. Os tópicos de Hollywood non refiren a unha realidade particular, senón a unha ficción xeral, á xeneralización da ficción. Por iso son tan flexibles, recoñecibles e instantáneos. Os seus mecanismos actívanse ao momento, case sen necesidade de instalar un set. Se unha persoa di: “Hollywood”, nun intre podemos cargarnos de imaxes e montar o noso Hollywood na cabeza. Podemos combinar ao noso gusto música, traxes, as luces, piscinas, mansións, estrelas, tramas… a dramaturxia está servida, e case nin precisa de si mesma. O imprescindible de Hollywood é xustamente todo iso que, así de primeiras, debería ser prescindible. O triunfo como ilusionismo.

O arranque do Hollywood de Andrea Quintana e Alberto Cortés xoga con esas imaxes que temos cargadas na nosa memoria, que definen os códigos da linguaxe cinematográfica hollywodiense e, por extensión, da linguaxe do éxito, do glamour e do filme contemporáneo. Dous actores traballando nunha escena de doblaxe a través de voces en off é o punto de partida da peza. A partir de aí, os dous personaxes, que son á vez autores (e así o manifestan, alternando con solvencia por ámbolos roles), comezan a atravesar cos seus corpos, e á súa maneira, algúns elementos propios dun guión cinematográfico. Pero introducindo constantes elementos disruptivos: narracións sobre a realidade das súas propias vidas como creadores escénicos, alusións ao lugar que están compartindo co público (neste caso o Teatro Rosalía), ou escenas arredor da idea de fracaso e a imposibilidade de unir as palabras triunfo e teatro. Non é unha cuestión que expoñan con negatividade nin pesimismo, nin sequera con queixa ou autoridade, senón con verdade e unha divertida resignación (resiliencia?). Todo isto con moito humor e moito melodrama de colleita propia. É coma se tiveran un interruptor para activar e desactivar os distintos códigos cos que pretenden montar a función: códigos de cine, de teatro, de danza… e por suposto códigos de “contemporaneidade”, que non podían faltar. Coñecen ben cales son, pero non os toman moi en serio e aí está unha das súas grandes potencias; poden permitirse, e permítense, tomalos á lixeira. As entradas e saídas entre ficción e realidade están ademáis ben artelladas, e deixan espazos de transición onde a mentira e a verdade difumínanse, onde as conversacións se van polas ramas mentres os corpos revelan o centro da cousa (e Viceversa), creando zonas de opacidade que resultan moi fértiles para a imaxinación e complicidade das espectadoras. Na liña se cadra da “estética do traslúcido”, en palabras de Xavier Puchades, que se refire a unha dramaturxia que vai dando rodeos mentras expón algo sobre un asunto; paseando, sen tomar atallos, para poder así observar e deixar sempre, para máis tarde, chegar a un destino. A escena do doblaxe reaparece en bucle, con pequenas variacións, ao longo da peza, coma se fose un disco raiado. A súa repetición vai deixando pouso, e unha sae da función tendo moi claro que as ideas de triunfo e fracaso son tamén un disco raiado. Ou, en palabras de Alberto e Andrea, un archivo estragado. Abrir o cableado da máquina, xogar con el, reversionar o refrán… é o seu acto creativo xenuíno, o exercicio artístico ao que se resisten a renunciar.

Se dúas persoas poñen Hollywood de título á súa proposta escénica, abren as portas a que pensemos e imaxinemos o que nos de a gana. Eles fan o propio e convídannos a seguilos. A que comparemos cada escena, personaxe, diálogo… cos tópicos que temos nas nosas cabezas, ben sexa para confirmalos ou para negalos. Certamente, o Hollywood de Andrea e Alberto usa os tópicos do guión cinematográfico hollywoodiense, revestidos de ironía e combinados con doses de realidade patria. Pero non é simplemente unha sátira nin un discurso de negación de todo ese imaxinario colectivo. Un dos grandes acertos de Andrea e Alberto é que non se sitúan nin por riba nin por debaixo do estándar de éxito hollywoodiense. Sitúanse ao carón, como contemporáneos que son desas outras realidades, desas outras ficcións. Non pretenden ser “Eles” pero poden xogar a selo. E de feito, fanno, con todas as consecuencias: son a parella de baile, son as testemuñas dun asasinato, son a estrela emocionada que recibe o Óscar… O que mostran é precisamente ese xogo. E, como tal, o xogo que eles practican ten moito de realidade. Por moitas escenas que aquí defina, non vou facer un spoiler. Porque o orixinal do Hollywood de Andrea e Alberto está na maneira de xogar cas escenas. É nese exercicio de pasar páxina, asumindo e encarnando a irrelevancia da cousa, onde a crítica aos tópicos se revela para o público, sen necesidade de mencionala.

Para ridiculizar a unha actriz loira que recibe un premio da Academia, hai que ridiculizarse antes a unha mesma. Para poñer en dúbida as ideas de memoria e archivo (e o rigor das moitas dramaturxias que se constrúen arredor destes conceptos), hai que poñer antes en dúbida o funcionamento da memoria propia. Andrea e Alberto despregan unha hora de confesións, colocadas intelixentemente entre risa e risa (ás veces sentinme no plató de rodaxe dunha sitcom, espectadora do guión e tamén das tomas falsas). Conseguen unha tensión dramática como a que se da ás veces na vida mesma. Imaxinemos, por expemplo, unha cea familiar na que inmediatamente despois dun comentario banal, alguén confesa unha infidelidade… e entre todos os presentes decidimos facernos cómplices e continuar co postre. Iso queda aí gravado. Como queda o Hollywood de Andrea e Alberto. Non sabería dicirvos agora mesmo as verdades que alí escoitei… ou se hai partes da historia que engadín despois, pero sei que foron verdades gordas.

Demostran así que a vida mesma ten moito de tensión dramática; máis aínda se és creador ou creadora escénica… no fondo, as túas revelación non teñen nada que envidiar –no que a tensión dramática se refire– ás das estrelas de Hollywood. Se cadra só depende de como as pronuncies ou poses enriba do escenario. Que é triunfar para os teus pais? Pénsao! A esaxeración da ficción e a súa descontextualización serve de excusa durante toda a peza para achegarnos á realidade. E, particularmente, á realidade que ten que ver co exercicio artístico como exercicio ou posicionamento vital. Usan o teatro para falar de cómo se fai teatro mentres fan teatro. Hai momentos nos que saen do escenario para situar unha ficción entre as butacas. E momentos nos que están enriba do escenario falando ao público sen facer outra cousa que ser eles mesmos falando ás persoas que teñen diante.

Algo que capta a atención do público e que fai moi atractivo e suxerente o traballo de Alberto e Andrea é a súa actitude no escenario. Ous dous son bastante irreverentes, están aí para pasalo ben, sen cortarse e sen contido censurado. Pero non son arrogantes, deixan o espazo aberto para que quen queira poida pasalo ben con eles. Para quen non se atreva, tampouco lle fan un feo. Transmiten as tan necesarias doses de incomodidade, pero dun xeito xeneroso, relaxando o panorama o suficiente para que cada quen faga ca súa incomodidade o que queira. O que ten de potente a peza é o modo orixinal co que lle dan á volta aos códigos da copia e do uso escénico da copia. Nese sentido, a montaxe é moi diferente –e bastante superior, diría eu– a outras propostas escénicas que poderían semellar estaren na mesma liña estética. Hollywood non se limita a levar a escena a técnica do foundfootage, nin a facer remezcla de tendencias nin a apropiarse de códigos establecidos ou burlarse de patróns. É algo máis auténtico, que trata a impureza con moito rigor. Tampouco sería o que é sen o xenial traballo de son en directo de Elena Casanueva, responsable das voces en off, dos temazos musicais, do suspense, da intensidade das grandes frases dos protagonistas… A súa presenza no escenario suma potencia ao xogo revelado. Completan o taboleiro as luces de Azael Ferrer, que suben en intensidade progresivamente, ata un peche digno do cartel de THE END.

Coñecín por separado os traballos de Andrea e Alberto no 2014. Agora, vendo o resultado do traballo en conxunto, entendo o ben que casan como compañeiros de viaxe. O traballo de Alberto cos textos combina moi ben co de Andrea no movemento e o corpo. Ambos están nunha periferia que non se pretende centro; escollen a heterodoxia e o “variopinto” como unha actitude máis natural que pretendida, a pesar de coñeceren ben os cánones do teatro e da danza. Os dous teñen esa irreverencia sen arrogancia que se fai tan simpática. E as ganas de aprender facendo. A conexión Galiza-Andalucía ábrelles ademais un abanico de xiros e contrastes que non aproveitan dun xeito expreso nin moito menos central, pero que transpira facendo a súa presenza máis divertida e auténtica. Forman, ademais, unha parella rara, no mellor sentido da palabra. En resumo: molan. Se un distribuidor ou un programador atopase a etiqueta máxica para o seu traballo, probablemente lles sairían funcións como churros. Pero probablemente eles non poderían evitar sair a escena para chamarlle a esa etiqueta “archivo estragado”. E convidarnos a rirnos, unha vez máis, de nós mesmas.

HOLLYWOOD from Alberto Cortes on Vimeo.

HOLLYWOOD, de Andrea Quintana e Alberto Cortés
Concepto, dramaturxia, coreografía e interpretación: Alberto Cortés e Andrea Quintana
Textos: Alberto Cortés
Corpo: Andrea Quintana
Espazo sonoro e remezcla en vivo: Elena Casanueva
Iluminación: Azael Ferrer
Música orixinal: Col.lectiu LOOPA
Construccións plásticas: Luis Alhama e Fátima Montero
Voces en off: Elena de Cara e Pablo López
Audiovisual: 99 páginas
Hollywood é unha produción de Alberto Cortés e Andrea Quintana.
Co apoio de: Centre Pompidou Málaga, La Nave del Duende, Dantzagunea, Espacio Silvestre.
16 setembro de 2017 no Teatro Rosalía
* A programación deste espectáculo estivo acompañada polo Proxecto de Programación Expandida do TRCDanza 2017, ca publicación dun pre-texto a cargo de Cris Blanco, e cunha acción expandida celebrada na Librería Berbiriana o 14 de setembro: Abrir unha práctica musical con Elena Casanueva, responsable do espazo sonoro de Hollywood.
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